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domingo, 1 de diciembre de 2019

lAs favoritAs de Midas

LAS MUERTES CONCÉNTRICAS. Jack London

December 1, 2019 at 2:06 PM
Wade Atsheler ha muerto... ha muerto por mano propia. Decir que esto era inesperado para el reducido grupo de sus amigos, no sería la verdad; sin embargo, ni una vez siquiera, nosotros, sus íntimos, llegamos a concebir esa idea.
Antes de la perpetración del hecho, su posibilidad estaba muy lejos de nuestros pensamientos; pero cuando supimos su muerte, nos pareció que la entendíamos y que hacía tiempo la esperábamos. Esto, por análisis retrospectivo, era explicable por su gran inquietud. Escribo "gran inquietud" deliberadamente.
Joven, buen mozo, con la posición asegurada por ser la mano derecha de Eben Hale, el magnate de los tranvías, no podía quejarse de los favores de la suerte. Sin embargo, habíamos observado que su lisa frente iba cavándose en arrugas más y más hondas, como por una devoradora y creciente angustia. Habíamos visto en poco tiempo que su espeso cabello negro raleaba y se plateaba como la yerba bajo el sol de la sequía. ¿Quién de nosotros olvidaría las melancolías en que solía caer, en medio de las fiestas que, hacia el final de su vida, buscaba con más y más avidez? En tales momentos, cuando la diversión se expandía hasta desbordar, súbitamente, sin causa aparente, sus ojos perdían el brillo y se hundían, su frente y sus manos contraídas y su cara tornadiza, con espasmos de pena mental, denotaban una lucha a muerte con algún peligro desconocido.
Nunca habló del motivo de su obsesión, ni fuimos tan indiscretos como para interrogarlo. Aunque lo hubiéramos sabido, nuestra fuerza y ayuda no hubieran servido de nada. Cuando murió Eben Hale, de quien era secretario confidencial —más aún, casi hijo adoptivo y socio—, dejó del todo nuestra compañía, y no, ahora lo sé, por serle desagradable, sino porque su preocupación se hizo tal que ya no pudo responder a nuestra alegría ni encontrar ningún alivio en ella. No podíamos entender entonces la razón de todo esto. Cuando se abrió el testamento de Eben Hale, el mundo supo que Wade Atsheler era el único heredero de los muchos millones de su jefe, y que se estipulaba expresamente que esta enorme herencia se le entregara sin distingos, tropiezos ni incomodidades.
Ni una acción de compañía, ni un penique al contado, fueron legados a los parientes del muerto. Y en cuanto a su familia más cercana, una asombrosa cláusula establecía expresamente que Wade Atsheler entregaría a la esposa e hijos de Hale cualquier cantidad de dinero que a su juicio le pareciera conveniente, en el momento que quisiera. Si se hubieran producido escándalos en la familia Hale, o sus hijos fueran díscolos o irrespetuosos, habría habido alguna excusa para esta inusitada acción póstuma; pero la felicidad doméstica del difunto había sido proverbial, y era difícil encontrar progenie más sana, más pura y más sólida que sus hijos e hijas, mientras que a su esposa, quienes mejor la conocían la apodaban "Madre de los Gracos", con cariño y admiración. Inútil es decirlo, este inexplicable testamento fue el tema general por nueve días, y hubo una gran sorpresa cuando no se produjo demanda alguna.
Ayer apenas, Eben Hale entró en reposo eterno en su mausoleo. Ahora, Wade Atsheler ha muerto. La noticia apareció en los diarios de esta mañana. Acabo de recibir una carta suya, echada al correo, evidentemente, sólo una hora antes del suicidio. Esta carta que tengo a la vista es una narración, de su puño y letra, en la que intercala numerosos recortes de diarios y copias de cartas. La correspondencia original, me dice, está en manos de la policía. También me suplica divulgar la incontenible serie de tragedias con las que estuvo inocentemente relacionado, para advertir a la sociedad contra el diabólico peligro que amenaza su existencia.
Incluyo aquí el texto por entero.

Fue en agosto, 1899, después de regresar del veraneo, que recibimos la primera carta. No comprendimos entonces; no habíamos acostumbrado nuestra mente a tan tremendas posibilidades. El señor Hale abrió la carta, la leyó y la echó sobre mi escritorio, con una carcajada.
Cuando la hube recorrido, también reí, diciendo: "Es broma lúgubre, señor Hale, y de pésimo gusto." He aquí, querido John, un duplicado exacto de esa carta.

Oficina de los Sicarios de Midas, 17 de agosto, 1899. Señor Eben Hale, plutócrata.

Muy señor nuestro: Queremos obtener al contado, en la forma que usted decida, veinte millones de dólares. Le requerimos que nos pague esta suma, a nosotros o a nuestros agentes; usted notará que no especificamos tiempo, pues no deseamos apresurarlo en este detalle. Hasta puede pagarnos, si le es más fácil, en diez, quince o veinte cuotas; pero no aceptamos cuotas inferiores a un millón.
Créanos, querido señor Hale, cuando decimos que emprendemos esta acción desprovistos de toda animosidad. Somos miembros del proletariado intelectual, cuyo número en creciente aumento marca con letras rojas los últimos días del siglo XIX; hemos decidido entrar en este negocio después de un completo estudio de la economía social. Nuestro plan no nos permite lanzarnos a vastas y lucrativas operaciones sin disponer de capital inicial. Hasta ahora hemos tenido bastante éxito, y esperamos que nuestras gestiones con usted resulten gratas y satisfactorias.
Le rogamos que nos siga con atención mientras le explicamos nuestros puntos de vista. En la base del presente sistema social se halla el derecho de propiedad. Este derecho del individuo a detentar propiedad se funda única y enteramente, en última instancia, en la fuerza. Los caballeros de Guillermo el Conquistador dividieron y se repartieron Inglaterra con la espada desnuda. Esto es verdad para todas las potencias feudales.
Con la invención del vapor y la revolución industrial vino al mundo la clase capitalista, en el sentido moderno de la palabra. Estos capitalistas o capitanes de la industria virtualmente despojaron a los descendientes de los capitanes de la guerra.
La mente, y no el músculo, prima hoy en la lucha por la vida: pero esta situación también está basada en la fuerza. El cambio ha sido cualitativo. Los magnates feudales saqueaban el mundo a sangre y fuego. los magnates financieros explotan al mundo, aplicando las fuerzas económicas. La mente y no el músculo es lo que perdura, y los intelectual y comercialmente poderosos son los más aptos para sobrevivir.
Nosotros, los Sicarios de Midas, no nos resignamos a ser esclavos a sueldo. Los grandes trusts y combinaciones de negocios (entre los que sobresale el que usted dirige) nos impiden levantarnos al lugar que nuestra inteligencia reclama.
¿Por qué? Porque no tenemos capital. Pertenecemos al bajo pueblo, pero con esta diferencia: nuestras mentes están entre las mejores, Y no nos traban escrúpulos éticos o sociales. Como esclavos a sueldo, trabajando de sol a sol, con vida sobria y avara no podríamos ahorrar en sesenta años —ni en veinteveces sesenta años— una suma de dinero capaz de competir con las grandes masas de capital existentes ahora. Sin embargo, entramos en la lucha. Arrojamos el guante al capital del mundo. Si éste acepta el desafío o no, igual tendrá que luchar.
Señor Hale, nuestros intereses nos dictan exigir de usted veinte millones de dólares.
Ya que nosotros somos considerados y le otorgamos un plazo razonable para que lleve a cabo su parte de la transacción, le rogamos que no se demore demasiado. Cuando usted se haya conformado con nuestras condiciones, inserte un anuncio conveniente en el Morning Blazer. Entonces le comunicaremos nuestro plan para transferir el capital.
Es mejor que usted lo haga antes del l° de octubre. Si no es así, para demostrarle que hablamos en serio, mataremos a un hombre en esa fecha, en la calle Treinta y Nueve Este. Se tratará de un obrero, a quien ni usted ni nosotros conoceremos. Usted representa una fuerza en la sociedad moderna y nosotros otra —una nueva fuerza—. Sin odio entramos en combate. Usted es la muela superior en el molino, nosotros la inferior. La vida de ese hombre será molida por las dos, pero podrá salvarse si usted acepta nuestras condiciones atiempo.
Hubo una vez un rey maldito por el oro: su nombre está en nuestro sello oficial. Algún día, para protegernos de competidores, lo haremos registrar.
Quedamos Ss. Ss. Ss.Los Sicarios de Midas.

Tú te preguntarás, querido John, por qué no reírnos de una comunicación tan descabellada. No podíamos dejar de admitir que la idea estaba bien concebida, pero era demasiado grotesca para que la tomáramos en serio. El señor Hale dijo que conservaría como curiosidad literaria la carta, y la metió en una casilla de su archivo. Pronto olvidamos su existencia. Y puntualmente, el 1° deoctubre, el correo matutino nos trajo lo siguiente:

Oficina de los Sicarios de Midas, 1° de octubre, 1899.
Señor Eben Hale, plutócrata.
Muy señor nuestro:

Su víctima encontró su fatalidad. Hace una hora, en Treinta y Nueve Este, un obrero fue apuñalado en el corazón.
Cuando usted lea esto su cuerpo yacerá en la Morgue. Vaya y contemple la obra de sus manos. El 14 de octubre, en prueba de nuestra seriedad en este asunto, y en caso de que usted no ceda, mataremos un policía en (o cerca de) la esquina de Polk y Avenida Clermont.

Muy cordialmente. Los Sicarios de Midas.

Otra vez, el señor Hale rió. Su mente estaba muy ocupada con el trato en perspectiva, con un sindicato de Chicago, sobre la venta de todos sus tranvías en aquella ciudad, así que siguió dictando a la taquígrafa, sin volver a pensar en la carta. Pero de algún modo, no sé por qué, una honda depresión me atacó. ¿Si no fuera broma? Involuntariamente busqué un diario. Allí había, como convenía a una oscura persona de las clases pobres, una mezquina docena de líneas, junto al aviso de un boticario, en un rincón:

Poco después de las cinco, esta mañana, en la calle Treinta y Nueve Este, un obrero llamado Pete Lascalle, yendo a su trabajo, recibió una puñalada en el corazón, de un agresor desconocido, que huyó. La policía no ha descubierto ningún motivo para asesinato.

¡Imposible!, fue la respuesta del señor Hale cuando le leí la noticia; pero el incidente pesó evidentemente en él, pues más tarde, el mismo día, con muchos epítetos contra su propia tontería, me pidió que comunicara el asunto a la policía. Tuve el placer de que el comisario se riera de mí, aunque me prometió que la vecindad de aquella esquina sería vigilada especialmente la noche antedicha. Así quedó la cosa, hasta que pasaron las dos semanas, y la siguiente nota nos llegó por correo:

Oficina de los Sicarios de Midas, 15 de octubre, 1899.
Señor Eben Hale, Plutócrata.
Muy señor nuestro:

Su segunda víctima cayó a su hora, según se planeó. No tenemos prisa, pero para aumentar la presión, desde ahora mataremos semanalmente.
Para protegernos de las interferencias policiales, ahora le informaremos de las ejecuciones poco antes o simultáneamente al hecho.
Esperando que ésta lo encuentre a usted en buena salud, somos Ss. Ss. Ss.

Los Sicarios de Midas.

Esta vez fue el señor Hale el que tomó el diario, y después de breve búsqueda, me leyó esta noticia:

UN COBARDE CRIMEN. Josep Donahue, destinado a una guardia especial en la Sección Once, fue muerto a medianoche, de un tiro en la cabeza.
La tragedia ocurrió en la esquina de Polk y Avenida Clermont, a plena luz. En verdad que nuestra sociedad es poco estable cuando los guardianes de su paz pueden ser asesinados tan abierta y alevosamente. La policía no consiguió hasta ahora el menor indicio de una pista.

Apenas acababa de leer, cuando llegó la policía —el comisario con dos de sus hombres, en visible alarma y seriamente perturbados—. Aunque los hechos eran tan pocos y tan sencillos hablamos mucho, repitiéndonos una y otra vez. El comisario aseguró que pronto se arreglaría todo y que los criminales serían aplastados.
Mientras tanto juzgó conveniente poner una guardia para nuestra protección personal, y una patrulla para vigilancia continua de la casa y jardines. Una semana después, a la una de la tarde, recibimos este telegrama:

Oficina de los Sicarios de Midas, 21 de octubre, 1899.
Señor Eben Hale Plutócrata.
Muy señor nuestro:

Sinceramente lamentamos que usted nos haya interpretado tan mal.
Ha encontrado conveniente rodearse de guardias armados, como si fuéramos criminales comunes, capaces de asaltarlo y arrancarle por la fuerza sus veinte millones.
Créanos: esto dista muchísimo de nuestra intención. Usted comprenderá, después de reflexionar un poco que su vida nos es preciosa. No tema. Por nada en el mundo le haremos daño. Es nuestra política protegerlo de todo peligro y cuidarlo usted con toda ternura. Su muerte no significa nada para nosotros. Si así no fuera, tenga seguridad de que no vacilaríamos en destruirlo. Piénselo bien, señor Hale. Cuando haya abonado nuestro precio tendrá que reducir los gastos. Desde ahora despida a sus guardias. Dentro de los diez minutos del momento en que reciba esto, una joven enfermera habrá sido estrangulada en el Parque Brentwood. El cuerpo se encontrará entre los arbustos, al borde de las senda que va hacia la izquierda del quiosco de música.

Cordialmente Los Sicarios de Midas.

En seguida el señor de Hale avisó por teléfono al comisario. Quince minutos después, éste nos comunicó que el cadáver, todavía caliente, había sido hallado en el lugar indicado. Esa noche los diarios abundaban en chillones títulos sobre Jack el estrangulador, denunciaban lo brutal del hecho y se quejaban de la laxitud policial. Nos volvimos a encerrar con el comisario, que nos rogó mantener al asunto en secreto.
El éxito, dijo, dependía del silencio.
Como tú sabes, John, el señor Hale era hombre de hierro. Rehusaba rendirse. Pero, oh John, esa fuerza ciega en la oscuridad era terrible. No podíamos luchar, ni hacer planes, ni nada, sólo contener las manos y esperar. Semana tras semana, cierta como la salida del sol, venía la notificación y la muerte de alguna persona, hombre o mujer, inocente de todo mal, pero tan muerta por nosotros como si la matáramos con nuestras propias manos. Una palabra del señor Hale, y la matanza habría cesado. Pero él endureció su corazón y esperó; sus arrugas se ahondaron, sus ojos y la boca se afirmaron en severidad, y la cara envejeció. No hay ni qué hablar de mi sufrimiento en ese tremendo período.
Encontrarás aquí las cartas y los telegramas de los Sicarios de Midas y los artículos de los diarios.
También encontrarás las cartas advirtiendo al señor Hale de ciertas maquinaciones de enemigos comerciales y manipulaciones secretas con acciones. Los Sicarios de Midas parecían tener acceso a la intimidad de los negocios y de las finanzas. Nos comunicaban informaciones que ni siquiera nuestros agentes conseguían.
Una nota de ellos, en el momento crítico de un trato, ahorró al señor Hale cinco millones. En otra ocasión nos mandaron un telegrama que impidió que un anarquista exaltado quitara la vida a mi jefe. Capturamos al hombre en cuanto llegó y lo entregamos a la policía, que le encontró encima un poderoso y nuevo explosivo como para hundir un barco de guerra.
Persistimos. El señor Hale estaba resuelto a todo. Desembolsaba a razón de cien mil dólares semanales en servicio secreto. La ayuda de Pinkerton, de Holmes y de un sinnúmero de agencias particulares fue requerida; miles de hombres figuraban en nuestras listas de pago. Nuestros pesquisas pululaban por doquier, con todos los disfraces, investigando todas las clases sociales. Seguían millares de claves y pistas; centenares de sospechosos eran detenidos; y miles de otros sospechosos eran vigilados; nada tangible salió a luz. Para sus comunicaciones, los Sicarios de Midas cambiaban continuamente el método de envío.
Cada mensajero que mandaban era arrestado de inmediato. Pero siempre éstos demostraban ser inocentes, mientras que sus descripciones de las personas que los enviaban nunca coincidían. El 31 de diciembre nos notificaron:

Oficina de los Sicarios de Midas, 31 de diciembre, 1899.
Señor Eben Hale, plutócrata. Muy señor nuestro:

Siguiendo nuestra política —nos halaga que usted ya esté versado en ella— nos permitimos comunicarle que daremos un pasaporte, desde este Valle de Lágrimas, al comisario Bying, con quien, a causa de nuestras atenciones, usted llegó a relaciones tan estrechas. Acostumbra estar en su oficina a esta hora. Mientras usted lee esta carta, respira él su último aliento.

Cordialmente. Los Sicarios de Midas.

Corrí al teléfono. Grande fue mi alivio cuando oí la simpática voz del comisario. Pero, mientras hablaba aún, su voz en el receptor terminó con un estertor, y oí, apenas, la caída de su cuerpo. Luego una voz extraña me dio los saludos de los Sicarios de Midas, y cortó.
Pedí con la oficina pública, para que socorrieran al comisario. Pocos minutos después supe que lo habían encontrado bañado en su propia sangre, y muriendo. No había testigos; no se encontraron huellas del asesino.
En consecuencia, el señor Hale aumentó de inmediato su servicio secreto hasta que un cuarto de millón fluía por sus arcas por semana. Estaba resuelto a ganar. Las recompensas ofrecidas llegaban a sumar más de diez millones de dólares. Tienes aquí una idea clara de sus recursos y de cómo los usaba sin tasa. Decía que luchaba por un principio.
Hay que admitir que sus actos probaban la nobleza de sus motivos. Los departamentos de policía de todas las grandes ciudades cooperaban con él, y aun el gobierno de los Estados Unidos entró en la lucha, y el asunto se convirtió en una de las principales cuestiones de Estado. Algunos fondos nacionales se dedicaron a descubrir a los Sicarios de Midas y todo agente del gobierno estuvo atento. Pero fue en vano. Los Sicarios de Midas golpeaban sin errar en su obra inevitable. Sin embargo, aunque el señor Hale luchaba hasta la muerte, no podía lavar sus manos de la sangre que las teñía. Aunque no era, técnicamente, un asesino, aunque ningún jurado de sus iguales pudiera acusarlo, no era por eso menos causante de la muerte de cada individuo. Como dije antes, una palabra suya habría detenido la matanza. Pero rehusaba decir esa palabra. Insistía en que la sociedad estaba amenazada, que él no era tan cobarde para desertar su puesto, y que era justo que unos cuantos fueran mártires por la prosperidad de los más. Pero la sangre caía sobre su cabeza, y él se hundía cada vez más en el abatimiento y la pena. Yo también estaba abrumado con la culpa de ser cómplice. Niños eran asesinados sin piedad, y mujeres y ancianos; y no sólo eran locales estos crímenes, sino que se distribuían por todo el país. A mitad de febrero, una noche, mientras estábamos en la biblioteca, golpearon a la puerta con violencia. Respondí yo, encontrando sobre la alfombra del comedor esta misiva:

Oficina de los Sicarios de Midas, 15 de febrero, 1900.
Señor Eben Hale, plutócrata.
Muy señor nuestro:

¿No llora su alma por la roja cosecha que recoge? Quizás hemos sido demasiado abstractos en el manejo de nuestro negocio. Seamos ahora concretos. Miss Adelaide Laidlaw es una joven de talento, tan bondadosa, entendemos, como bella. Es la hija de su viejo amigo, el juez Laidlaw, y sabemos que usted la llevó en sus brazos cuando niña. Es la amiga más íntima de su hija y ahora está visitándola. Cuando usted lea esto, la visita habrá terminado.

Muy cordialmente. Los Sicarios de Midas.

Al instante comprendimos lo que significaba. Corrimos por la gran casa, sin hallar a la muchacha. La puerta de su departamento estaba cerrada con llave, pero la hundimos a empujones desesperados, y allí, vestida para la Opera, asfixiada con almohadones, todavía tibia y flexible, yacía casi viva. Deja que pase sobre este horror. Seguramente recordarás los relatos de los diarios.
Tarde, aquella misma noche, Eben Hale me citó, y ante Dios me juramentó solemnemente a quedarme con él y a no transigir, aunque la familia entera fuese destruida.
A la mañana siguiente me sorprendió su alegría. Yo había previsto que la tragedia última le produciría un hondo shock; pero ignoraba aún hasta que punto lo había afectado. Al otro día lo encontramos muerto en su cama, con una pacífica sonrisa en su rostro devastado por la congoja. Murió asfixiado. Con la connivencia de las autoridades se comunicó al mundo que se trataba de un ataque al corazón. Creímos juicioso ocultar la verdad.
Apenas dejé esa cámara de muerte, cuando —pero demasiado tarde— recibí la carta siguiente:

Oficina de los Sicarios de Midas, 17 de febrero, 1900.
Señor Eben Hale, plutócrata.
Muy señor nuestro:

Usted perdonará nuestra intrusión, tan poco después del triste evento de anteayer; pero lo que deseamos decirle puede ser de grandísima importancia para usted. Se nos ocurre que usted pueda intentar escapársenos. No hay sino un camino, en apariencia, como usted sin duda lo habrá descubierto. Pero queremos informarles que aún este único camino le está cerrado. Usted puede morir, pero reconociendo su fracaso. Tome nota de esto: Somos parte y porción de sus posesiones. Con sus millones pasamos a ser sus herederos y cesionarios para siempre.
Somos lo inevitable. Somos la culminación de la injusticia industrial y social. Nos volvemos contra la sociedad que nos creó. Somos los fracasos triunfantes, los azotes de una civilización degradada. Somos las criaturas de una perversa selección social; combatimos a la fuerza con la fuerza. Sólo los fuertes perdurarán. Creemos en la supervivencia de los más aptos. Habéis hundido en la miseria a vuestros esclavos a sueldo y habéis sobrevivido. Los capitanes de guerra, a vuestras órdenes, fusilaron como a perros a vuestros obreros en tantas huelgas sangrientas. Por tales medios habéis durado. No nos quejamos del resultado, porque reconocemos y tenemos nuestro ser en la misma ley natural. Ahora surge la cuestión: Bajo el presente medio social, ¿quién de nosotros sobrevivirá? Creemos ser los más aptos. Vosotros creéis ser los más aptos. Dejamos la eventualidad al tiempo y a Dios.

Cordialmente. Los Sicarios de Midas.

John, ¿te sorprendes ahora de que yo haya huido de placeres y amigos? Pero, ¿para qué explicar? Este relato aclarará todo. Hace tres semanas murió Adelaide Laidlaw. Desde entonces aguardé con esperanza y miedo. Ayer se abrió el testamento y se hizo público.
Hoy fui notificado que una mujer de clase media sería muerta en el Parque Puerta de Oro, en el lejano San Francisco. Los diarios de esta noche dan los detalles del crimen, que corresponden a los que yo conocía.
Es inútil. No puedo luchar contra lo inevitable. He sido leal al señor Hale y trabajé duro. Por qué mi lealtad se premia así, no entiendo. Sin embargo, no puedo faltar a la confianza puesta en mí, ni a la palabra dada. Ahora legué los muchos millones que recibí a sus poseedores legítimos. Que los robustos hijos de Eben Hale obren su propia salvación. Antes que leas esto, habré muerto. Los Sicarios de Midas son todopoderosos. La policía es impotente. Supe por ella que otros millonarios han sido multados y perseguidos del mismo modo. ¿Cuántos?, no se sabe, pues si uno cede a los Sicarios de Midas, su boca queda sellada. Los que no cedieron aún, están recogiendo su cosecha escarlata. El torvo juego sigue hasta el fin. El Gobierno Federal no puede hacer nada. También entiendo que organizaciones similares han hecho su aparición en Europa.
La sociedad está sacudida hasta sus cimientos. En vez de las masas contra las clases, es una clase contra las clases. Nosotros, los guardianes del progreso humano, somos elegidos y golpeados. La ley y el orden han fracasado. Las autoridades me suplicaron que guardara este secreto. Lo hice, pero ya no puedo callarlo. Se ha transformado en cuestión de importancia pública, llena de tremendos peligros y consecuencias, y mi deber es informar al mundo, antes de abandonarlo.
Tú, John, por mi último pedido, publica esto. No temas. El destino de la humanidad está ahora en tus manos. Que la prensa tire millones de ejemplares, que la electricidad lo difunda por el mundo, que donde los hombres se encuentren y hablen, hablen de ello temblando de terror. Y entonces, cuandoe stén bien despiertos, que la sociedad se alce con toda su potencia y arroje de sí esta abominación.
Tuyo, en largo adiós:
Wade Atsheler.

Título original: "The Minions of Midas" (1901)



domingo, 3 de julio de 2016

Razones para ser una tía chunga






A las mujeres que tenemos cierta edad, incluso en casas donde el fanatismo religioso no era algo demasiado sangrante, nos educaron a veces inconscientemente esperando de nosotras que fuésemos una versión mejorada de nuestras madres. Ya podíamos estudiar pero que nos casáramos, cuidásemos de las casa, del marido, de los hijos que debíamos tener, que trabajásemos fuera de casa aunque tampoco era cuestión de superar al esposo que, en definitiva, y como letras grabadas en piedra, seguía siendo el cabeza de familia.

Naturalmente, no todas dijimos no. Algunas hicieron exactamente lo que se esperaba de ellas. novio en la adolescencia, estudios medios o superiores para ejercerlos o no, y boda temprana porque los hijos hay que tenerlos jóvenes.

Otras, sin embargo, jamás hicimos nada de lo que se esperaba de nosotras. Queríamos llevar vaqueros rotos, chupa de cuero con tachuelas y chapas, botas Martens o militares, queríamos beber, ir a conciertos a participar de la catarsis colectiva de cientos de personas en un estado de ebriedad dionisíaca. Queríamos saber qué eran la alteración de la conciencia, queríamos experimentar sexualmente, queríamos bebernos la vida y caminar por el lado salvaje atisbando que era más interesante que la autopista que te presentaba esa sociedad a la que ya despreciábamos sin que supiéramos las razones exactas del odio.

Las tías chungas follábamos y le partíamos la boca a quien se atreviera a juzgar. Las tías chungas nos reíamos y reímos con los ovarios. Las tías chungas se defienden solas. Las tías chungas se cagan en Dios y beben cerveza como un tío. Las tías chungas tienen más amigos que amigas porque no se horrorizan por un eructo e incluso pueden concursar a ver quién lo hace más bruto.

Las tías chungas vamos a todas partes, las tías chungas son lo mejor que te puede pasar aunque sólo dure una noche porque en la chunguedad hay más autenticidad que en todo el postureo puramente teórico de un aula universitaria. Además, muchas también pasamos por ahí por lo que no sólo somos grandes amantes y confidentes. Somos grandes conversadoras y tías muy divertidas.

Pon una tía chunga en tu vida, amiga.

sábado, 25 de junio de 2016

EL FEMINISMO NO ES LO QUE TÚ DIGAS QUE ES FEMINISMO, BURGUESA.





No importa dónde nos ubiquemos, las sociedades capitalistas desarrolladas han asumido el feminismo como parte de su discurso hegemónico. Desde hace décadas vemos el ascenso al poder tradicionalmente reservado a los hombres de mujeres que ocupan puestos relevantes en grandes empresas, multinacionales, ministerios y presidencias de gobierno. Pensemos en Dilma Rousseff en Brasil, en Cristina Kirchner en Argentina, en Michelle Bachelet en Chile, en Keiko Fujimori acercándose a la presidencia de Perú. Pensemos en Margaret Thatcher, en Angela Merkel, en Christine Lagarde, en Madeleine Albright, en Hillary Clinton, en Marine LePen, en Ségolene Royal, en Esperanza Aguirre, en Ana Patricia Botín, en Cristina Garmendia, en Ada Colau, en Mónica Oltra, en Carolina Bescansa y en tantas otras que nos dicen desde los noticieros que la mujer ha llegado al poder para quedarse.


Bien, ése no es mi feminismo. Eso ni siquiera es feminismo. Es parte del discurso de explotación capitalista en el que de forma oportunista un cierto porcentaje de mujeres, frecuentemente pertenecientes a las clases dominantes se han integrado para reproducir todos y cada uno de los valores de explotación del hombre por el hombre, de la mujer por la mujer, en definitiva del capitalismo.


Partamos de la base de que dentro del sistema capitalista la opción reformista no es sino perpetuación del sistema de explotación que es la base misma de la subsistencia y reproducción capitalistas. Todo lo que no sea abolir ese estado de cosas es parte del problema, jamás su solución y en ese sentido sólo se puede ser honestamente feminista desde el anarquismo. Simple y claro.


El capitalismo y sus sociedades han creado un sistema paternalista e insultante para "integrar" a las mujeres en los engranajes que rezuman sangre. Nos incluyen mediante porcentajes establecidos por ley sin tener en cuenta jamás la valía de quien accede a esos porcentajes. Cuando hay que elaborar listas electorales y faltan mujeres hay que encontrarlas a cualquier precio porque si no es así la lista será invalidada. Es decir, el Estado y sus cómplices femeninas llaman a esto discriminación positiva. Se oculta oportunamente que esa discriminación no suele beneficiar a las mujeres trabajadores, sino a las féminas de la clase media o alta y occidentales.


La clave misma de este discurso es el “acceso al poder”. Seguramente muchas sabemos lo largamente que reflexionó Michel Foucault sobre la naturaleza del poder. En su esencia corrompe a quien lo ostenta toda vez que crea una sensación de impunidad que no es saludable en términos humanistas. Corrupción, impunidad, superioridad, elitismo, tales son las características que acompañan a quien detenta el poder, sea hombre o sea mujer. Asimismo, el poder está en la base de cualquier relación de dominación y como anarquistas aspiramos a abolir esas relaciones. No las queremos, las rechazamos con más o menos violencia. Detestamos ver a las mujeres emponderadas (esa palabra que tanto gusta en los cenáculos del feminismo burgués de nuevo cuño) vistiendo ropas de alta costura, detestamos que todas sean blancas, nos produce repugnancia verlas bajas de coches conducidos por chóferes, odiamos su presencia en Bildelberg y odiamos más aún que se nos venda esa presencia como un triunfo de todas. No, no lo es. Es un fracaso. Es el fracaso del mejor feminismo que pudo apuntarse desde los años 60, es un fracaso de la conspiración WITCH, es un fracaso de la lucha de las mujeres negras y orgullosas que no son Michelle Obama.


No queremos cuotas, sino igualdad real, no queremos ser parte del sistema, queremos abolir el sistema, no queremos estar en los consejos de administración de ninguna multinacional, queremos dinamitarlos, no queremos que el papa nos integre en su loca secta, queremos destruirla hasta los cimientos y con ella su ideología de muerte.


Aspiramos a la vida, a que ninguna de nosotras sea asesinada por un macho, aspiramos a ser libres sea cual sea nuestro color de piel, aspiramos a sustituir la competitividad por la sororidad, el individualismo por la solidaridad, pero eso, hermanas, supone mucho trabajo y ahí es donde espero que nos encontremos: en las calles hasta que se haga justicia con todas nosotras... O la hagamos nosotras para variar.

Como dice la hermana más punk de todas: "¡Feminismo de clase o barbarie!
"

miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Qué es feminismo, me preguntas, Rita? Feminismo no eres tú

El juicio a la vicealcaldesa del Ayuntamiento de Madrid por Podemos, Rita Maestre ha sido un ejemplo más de la polarización de la opinión generada por los medios de comunicación de masas. Tanto defensores como detractores han mantenido y mantienen opiniones que no dejan de ser pura reductio ad absurdum. En definitiva, no se trata de hablar de lo que habla, como decía Agustín García Calvo, sino de llenar minutos de falsos informativos o páginas de falsos periódicos.
Cuando hace quince años que no consumes televisión es más que probable que las opiniones que viertas en un debate provoquen miradas perplejas, es muy posible que sientas que tu interlocutor esté convencido de que vienes de un planeta lejano o que la locura habla por ti porque un discurso al margen de los media empieza a ser inconcebible e incomprensible para la mayoría de las personas que se nutren de estos medios de difusión de propaganda de uno u otro signo, cuando no de todos a la vez según sea el reparto del porcentaje de capital del medio en cuestión.
Sobre Rita Maestre mantuve una posición extremadamente crítica toda vez que mi anticlericalismo y mi feminismo eran radicales y quedaban fuera de toda duda. Mi crítica incidía en la cobardía agradecida de quien besa el anillo del obispo y pide perdón por lo que no hay que disculparse. Incidía asimismo en la canallada y la ruindad que supone para el feminismo reconocer un delito que, de existir, existe en el Vaticano y hasta donde sabemos Rita Maestre no es monja y no debería haber aceptado siquiera declarar por lo que es una aberración jurídica en un país que se llama democrático y que recoge la blasfemia como delito punible. Maestre, seguramente convencida de que estaba muy bien asesorada, se vistió de monja (el abrigo era morado nazareno para más señas), prescindió del maquillaje y de todo ornamento y acudió a los tribunales contrita y modosita como buena chica que es a pedir disculpas por un pecadillo de juventud irreflexivo pero que nunca buscó ofender a los católicos que ocupan por cuenta del erario público suelo universitario en Madrid y en toda España.
Rita Maestre y sus compinches saben que Manuela Carmena no aguantará la legislatura, que tirará la toalla harta de bregar con niñatos y niñatas que actúan sin orden ni concierto, sin conocimiento y sin conciencia política. Para algo el divino dedo del Gran Timonel podemita la colocó en el número dos. Cuando falle Carmena, independiente, quedará Rita Maestre, de Podemos y del ala dura como alcaldesa de Madrid sin que nadie la haya votado, como en su día fue alcaldesa Ana Botella cuando al alcalde lo llamaron a destinos más elevados en Moncloa.
Que en Podemos exista una alarmante cantidad de parejas sentimentales ocupando cargos y copando órganos de decisión, es algo de lo que podríamos hablar largo y tendido, pero aquí quiero hacer hincapié en otro asunto y es que Rita Maestre, por relevancia mediática, es un epítome perfecto del feminismo contra el que las feministas tenemos el deber moral de luchar: el feminismo de cuotas que nos ha concedido un Estado paternalista para eliminar la presión social que el verdadero feminismo debería ejercer contra ese mismo Estado que reparte cuotas graciosamente, cuotas que vienen a ocupar no las más aptas, sino las mejor colocadas salvo honrosas excepciones que dejan de serlo por aceptar este estado de cosas.
Gracias a la política de cuotas hay mujeres en la política, sí. Las anarquistas nos sentimos encantadas de saber que Esperanza Aguirre ha llegado al poder, que Angela Merkel se está montando su IV Reich, que Christine Lagarde considera que las pobres de su edad sobran y esperamos ansiosas el día que pida, en un arranque de sinceridad, la eutanasia para los pobres. Aplaudimos locas de alegría viendo a Rita Maestre arrastrarse ante jueces y curas con tal de que no le quiten la poltrona que le tocó por cuotas, nos corremos del gusto con ver a Rita Barberá tan poderosa y tan chula, celebramos como una victoria de todas el aniversario del advenimiento de Margaret Thatcher, saltamos y vitoreamos a Cristina Cifuentes cuando mandaba a los perros de presa a detener a Alfon y a machacar Bukaneros y rojos en general y ahora que la vemos de presidenta de la Comunidad de Madrid la alegría es euforia, como cuando escuchamos a Ada Colau culpar a los trabajadores del metro de las desgracias económicas de la empresa toda vez que se considera que Amancio Ortega y próximamente su hija, son héroes nacionales que sacan de la miseria a miles de niños del Tercer Mundo al darles trabajo en Indonesia o Brasil. Personalmente, el día que el Santander pasó a manos de Ana Patricia Botín descorché cava para celebrar el triunfo del feminismo que suponía tal evento.
Que Rita Maestre sea pareja de Íñigo Errejón y miembro del núcleo duro de Iglesias no tiene nada que ver, así como consideramos que reventar asambleas de críticos del partido en defensa de las tesis (más bien directrices) de su compañero y amigos es algo muy democrático y digno. Que se haya comportado de la forma más despreciable en términos de competitividad nos parece maravilloso: eso es lo que buscaba y ha conseguido el sistema introduciendo las cuotas por las que ricas, apadrinadas, oportunistas y jetas adquieren una poltrona que se exhibe como evidencia de modernidad y cambio. Ahí tenemos a la oligarca Bescansa ("Hola, soy Carolina Bescansa y soy mujer"). Que mientras, ese mismo sistema mire hacia otro lado mientras mueren asesinadas mujeres por causa del terrorismo machista sin que veamos que estas emponderadas féminas muevan un dedo por cambiar leyes insuficientes y mecanismos que no funcionan nos hace sospechar que podemos llamarlas cómplices. Y empezamos a pensar que hay que hacer un uso correcto del lenguaje. Si tienes la oportunidad, la posición, los medios y no actúas, eres cómplice. Llórale al obispo si no te gusta que te lo digamos, querida Rita.
La cuestión es como sigue y no hay más: O se es feminista o no se es. Si se es feminista se exige todo porque todo es lo que se nos ha negado históricamente. No queremos migajas, queremos justicia. No queremos paternalismo, exigimos lo que nos corresponde y lo queremos ya. No nos váis a seguir comprando con treinta monedas para vender a nuestras hermanas. Si matan a una, saldremos todas y si no se nos escucha nos plantearemos seriamente fórmulas alternativas que incluyan la autodefensa. Si en esa tesitura Rita Maestre nos pide calma y moderación, que se aparte porque ella también será arrollada y declarada ENEMIGA.

jueves, 18 de febrero de 2016

JE NE SUIS PAS RITA MAESTRE

Quiero compartir con vosotras una reflexión al hilo del juicio a Rita Maestre por "blasfemia" al realizar una protesta feminista dentro del recinto de la Complutense donde hay una capilla pagada con dinero público. Bien, su protesta fue legítima, absolutamente. Ahora bien, una vez concejala del Ayuntamiento de Madrid como anarcofeminista que soy, juro por todas que le daba hostias hasta cansarme. Esta pija demuestra que el 15M estaba cuajado de impostores e impostoras que, sin ideología alguna, se envalentonaron e ilusionaron como críos porque jamás habían luchado contra nada, jamás se habían definido ideológicamente, muchas y muchos venían de buenas familias, eran buenos estudiantes y se les distinguía porque frente a las cargas policiales, se ponían una nariz de payaso para regalarle al antidisturbios una flor. Rita Maestre es un ejemplo dañino, es un flaco favor al feminismo, es la triste evidencia de que, una vez instalada en el sistema, llevaba el traje de ejecutiva grabado en las meninges y que la política es mera gestión de recursos, que la ideología o no existía o es secundaria. Si tuvo el coño de realizar la legítima protesta, sólo puede, en coherencia, tener el coño de negar la exisatencia de delito, negarse a la defensa de un abogado, y declarar alto y claro que la blasfemia la juzgaba un tribunal eclesiástico de infausta memoria pero que un Código Penal de un país llamado democrático en el siglo XXI NO PUEDE juzgar tal cosa. Debería negar la propia capacidad de la judicatura para inculparla, debería haber utilizado en favor del feminismo la brecha, pequeña -y gracias a ella cerrada- que supuso la protesta. Pedir disculpas al arzobispo de Madrid en audiencia privada es para que escupamos a su paso, aceptar la comisión de delito ante el juez es la demostración de que ni siquiera sabe que NUNCA, incluso si hubiera sido un delito, se declara culpabilidad ante el juez pues existe el atenuante de "convicto pero no confeso". Declarar que "se dejó llevar por otras compañeras pero que ella ni encabezó ni organizó la protesta" es para bailar pogo en su cabecita llena de mierda burguesa. Ahora, queridas mias, nos toca radicalizarnos porque Rita Maestre recula con tal de no perder privilegios y pretende que una lucha histórica que está muy lejos de su fin, ha de radicalizarse porque nos ha dejado a todas en evidencia como radicales ya que su aventura con el lado salvaje de la vida fue como el acné, o un bache en el primer semestre del curso . Ella ya no lo es y se arrepiente de esa aventurilla adolescente y poco reflexiva. Ella, hermanas, nos ha vendido por sus prebendas alimentando de paso al patriarcado y a su estructura ideológico-religiosa criminal. Rita Maestre es una odiadora. Rita Maestre encarna lo peor del llamado feminismo burgués, y os recuerdo que capitalismo tiene nombre de macho. Anarquía es nombre de mujer. Rita Maestre merece el desprecio manifiesto de quienes, como yo, se hubieran manifestado con otras muchas en la puerta del juzgado si hubiera sido coherente. Ahora, querida Rita, búscate la vida porque ya sabemos que nos has traicionado a todas por mantener una poltrona. Morgana LeFey