lunes, 30 de abril de 2018

Hermanas, es la guerra



Asumamos que nos van a llamar victimistas, que nos dirán lloronas, quejicas, flojas, ñoñas y locas. En definitiva, esto es así desde que las mujeres empezamos a exigir los derechos que los hombres, el patriarcado, nos han negado históricamente.

Cualquier mujer con un pensamiento emancipador desarrollado sabe que fuimos brujas durante siglos. Era el diablo quien hablaba por nosotras, era Satanás quien sometía la voluntad del hombre a través de nuestros cuerpos. O nos ahogaban o nos quemaban si flotábamos. La justicia para las mujeres era la ordalía, práctica judía, cristiana y de cualquier religión monoteísta para dirimir si la mujer tiene trato con el Mal.

La ilustración nos convirtió en locas. Era un avance superar la posesión demoníaca y el pacto satánico para ser histéricas en manicomios donde el electroshock, la masturbación forzada, o sea la violación, las máscaras, los baños en agua con hielo durante horas vinieron a tratar tanto el lesbianismo, como la hipersexualidad, como la masturbación. Todo aquello relacionado con la sexualidad femenina pasó al ámbito de la psicopatología como símbolo de la Modernidad rampante. Ya quedaron atrás los tiempos de las ordalías y las hogueras, de las torturas públicas, de la humillación….Pasamos a ser recluídas y eliminadas de la sociedad en nombre de la Ciencia en la que nunca había mujeres. Ellos, los hombres, seguían determinando nuestra capacidad para ser personas integradas en la sociedad como madres y esposas decentes. Siempre decentes o de lo contrario, reclusas, desaparecidas para el mundo toda vez que las propias familias se desembarazaban de la hija que mostraba una sexualidad que sólo podían mostrar los hombres.

Llegamos al siglo XXI y nos encontramos con que el estigma de la locura sigue pesando, y mucho, a la hora de creer la declaración de una mujer ante un juez o ante la policía. Se nos evita como sujetos de debate apelando a la histeria o al feminazismo, expresión que debería significar dientes rotos cada vez que algún macho desubicado pretende zanjar un debate en el que el varón no va a renunciar a sus privilegios sexuales, blindados por ley, blindados por cultura, blindados por mentalidad, férreamente protegidos por todos los estamentos del Estado.

O morimos defendiéndonos de la violencia ejercida contra nosotras o nos llaman putas porque no nos hemos querido jugar la vida. O Nagore o víctima de la Manada, los jueces y el CGPJ, de la televisión y de la práctica totalidad de la prensa, donde los violadores a través de su abogado, ducho en las lides de defender maltratadores reincidentes compañeros de abogacía y convencido valedor de miembros de cuerpos de seguridad del Estado que se divierten de paisano drogando muchachas para violarla en grupo, como si fuera normal, como si el ocio fuera depredar, como si grabarlo para jactarse ante los que no han podido irse de cacería de lo machos que son follándose a una mujer inconsciente por donde quieren y cuanto quieren.

¿Descarnado? Sí, y si pudiera os pondría el video para que vomitárais, para que no os quedara ni una duda de quién sobra aquí y de quién ha sido humillada y ofendida, primero por la piara de cerdos y luego por la piara de jueces. Finalmente, por la piara de un sistema putrefacto y en descomposición que se cae a pedazos y que sólo se mantiene por la fuerza bruta de esos cuerpos de seguridad algunos de cuyos miembros violan mujeres en sus días libres. En un momento de delirio sangrante supimos que el guardia civil condenado era el encargado de asistir a las víctimas de violencia de género en su comandancia.

Decidme si podéis ir tranquilas a buscar seguridad en un cuerpo que le sigue pagando el sueldo una vez condenado, decidme si confiáis en un cuerpo que tiene un violador atendiendo a mujeres rotas por la violencia machista ejercida contra ellas y sus hijes.

Nos han declarado la guerra. Ya estaba declarada pero se disimulaba con la discriminación positiva que ha creado una casta de mujeres que en la práctica trabajan para el patriarcado, porque las víctimas de violencia de género son parte de un ghetto para mujeres pobres del que a veces ya no se puede salir y en el que el Estado puede disponer incluso de les niñes por pobres, por rotas, por abandonadas.


Al menos ahora se ha simplificado el panorama. O estáis con nosotras o estáis contra nosotras. Ya no cabe el término medio.


viernes, 27 de abril de 2018

No es manada, es piara y es mayor de lo que pensáis.

Ayer, tras meses de espera, cosa que nos hacía temer que el asunto iba a hacer sangre, se leyó la sentencia a la mal llamada "manada" puesto que decirles "piara" ya es tratarlos demasiado bien. Tres jueces que no se ponían de acuerdo en si había consentimiento por parte de la víctima, inmovilizada por cinco armarios en un portal, violada repetidamente por donde ellos quisieron y cuantas veces quisieron.

La mujer fue insultada en la vista. Fue humillada con preguntas improcedentes, humillantes y puramente ofensivas. Uno de los jueces llegó a afirmar que era evidente a la vista del video "que no sufrió dolor", una argumentación que estamos hartas de leer con respecto a los toros, que tampoco sufren cuando los rejonean y vomitan sangre.

El abogado de tres de los violadores dio entrevistas donde profundizaba en la clase de golfa que era la muchacha. Se fue con uno, ¿qué quería? No estaba acuchillada, ¿cómo iba a ser violada? No se negó explícitamente cuando era inmovilizada entre cinco tíos que planifican sus salidas con burundanga, centraminas, cuerdas y cloroformo "porque luego todos queremos violar". Ella no dijo no, quizás porque no dejaban de meterle pollas en la boca. Un abogado que tiene en su haber defender a un abogado maltratador denunciado seis veces por su esposa y que gracias a su "buen hacer" fue absuelto. Su  ex esposa debe ponerle velas negras todos los días.

Ella no hizo nada por provocar que la rajasen como a un cerdo ergo consintió aunque fuera un poco, por todo lo cual los tres jueces sentencian:

No fue violación sino abuso sexual según dos de ellos. No fue ni abuso sino robo del móvil según Ricardo Javier González, juez al que querríamos ver por la calle muchas como yo.

Se ríen en nuestra cara, nos insultan, nos humillan, nos niegan justicia... ¿Cuántas opciones nos quedan? Pocas, porque no podemos aguantar un segundo más, porque todas sabemos lo que hemos vivido desde niñas o adolescentes, porque sabemos que a nosotras sí nos pasa, porque sabemos que nos meten mano, que nos insultan si nos negamos a aceptar las chorradas de un ligón, porque vamos con el puño cerrado por la calle, y si podemos, con un puño americano, jugándonos una detención si nos pillan los agentes de la ley, otro eslabón necesario en este estado podrido de cosas.

Cinco machos violaron en Pamplona a una chiquilla incapaz de temer tal atrocidad, abogados la pusieron en duda. Los amigos de los violadores miraban video a tiempo real con la hazaña de los cinco degenerados que la violaron, tres jueces la humillaron, muchos hombres vieron el video que pasó a webs pornográficas. Los mismos individuos habían grabado los abusos a una joven inconsciente de burundanga en un coche camino de un pueblo cordobés. No son cinco, son muchos los cómplices necesarios y están en la altas instancia del Estado. Incluso el ministro de Justicia opina que son "penas altas". Otros tienen mujeres, hijos y se ríen con estos cerdos de sus salidas depredadoras.

¿Dónde están las mujeres en la judicatura que deberían alzar la voz? ¿Dónde están las protestas de compañeras del guardia civil? ¿Dónde las explicaciones de sus superiores puesto que era el encargado de atender a las víctimas de violencia de género? ¿Dónde lo castigos ejemplares? Porque yo sólo pienso en cómo debe estar desde ayer la víctima, y odio llamarla así porque es una etiqueta que le han puesto una piara de cerdos exterminables. Ella no era víctima, a ella la han hecho víctima y encima, para hacer más sangrante la cosa, la dejan en ese ghetto miserable para los restos al no hacerle justicia, ni a ella ni a ninguna de nosotras.

No queremos ser víctimas. Es el insulto final. Nos minusvalora como personas. Queremos justicia y si no se nos da, tendremos que plantearnos ejercerla nosotras.

Vosotros veréis qué hacéis, nosotras ya veremos. Y que Darwin, porque no va a ser Dios, reparta suerte.

Y tú, querida hermana nuestra, no estás sola. No lo sientas ni por un momento. Nosotras somos tu manada de lobas furiosas. Hemos perdido el miedo y tú, que todavía estás aterrorizada has de saber que no estás sola. Ya no. Gritaremos contigo, lloraremos contigo, exigiremos justicia contigo. Y la conseguiremos.







domingo, 3 de julio de 2016

Razones para ser una tía chunga






A las mujeres que tenemos cierta edad, incluso en casas donde el fanatismo religioso no era algo demasiado sangrante, nos educaron a veces inconscientemente esperando de nosotras que fuésemos una versión mejorada de nuestras madres. Ya podíamos estudiar pero que nos casáramos, cuidásemos de las casa, del marido, de los hijos que debíamos tener, que trabajásemos fuera de casa aunque tampoco era cuestión de superar al esposo que, en definitiva, y como letras grabadas en piedra, seguía siendo el cabeza de familia.

Naturalmente, no todas dijimos no. Algunas hicieron exactamente lo que se esperaba de ellas. novio en la adolescencia, estudios medios o superiores para ejercerlos o no, y boda temprana porque los hijos hay que tenerlos jóvenes.

Otras, sin embargo, jamás hicimos nada de lo que se esperaba de nosotras. Queríamos llevar vaqueros rotos, chupa de cuero con tachuelas y chapas, botas Martens o militares, queríamos beber, ir a conciertos a participar de la catarsis colectiva de cientos de personas en un estado de ebriedad dionisíaca. Queríamos saber qué eran la alteración de la conciencia, queríamos experimentar sexualmente, queríamos bebernos la vida y caminar por el lado salvaje atisbando que era más interesante que la autopista que te presentaba esa sociedad a la que ya despreciábamos sin que supiéramos las razones exactas del odio.

Las tías chungas follábamos y le partíamos la boca a quien se atreviera a juzgar. Las tías chungas nos reíamos y reímos con los ovarios. Las tías chungas se defienden solas. Las tías chungas se cagan en Dios y beben cerveza como un tío. Las tías chungas tienen más amigos que amigas porque no se horrorizan por un eructo e incluso pueden concursar a ver quién lo hace más bruto.

Las tías chungas vamos a todas partes, las tías chungas son lo mejor que te puede pasar aunque sólo dure una noche porque en la chunguedad hay más autenticidad que en todo el postureo puramente teórico de un aula universitaria. Además, muchas también pasamos por ahí por lo que no sólo somos grandes amantes y confidentes. Somos grandes conversadoras y tías muy divertidas.

Pon una tía chunga en tu vida, amiga.

martes, 28 de junio de 2016

Vomitando bilis y odio

Vaya por delante que odio la sensiblería y el melodrama, que odio todo aquello de lo que se puede hacer un telefilm de sobremesa de sábado. Aborrezco esos cartelitos que, antes de empezar una mala película, aseguran que está basada en hechos reales.

Desde este altavoz que cada día seguís más, hablo clara y brutalmente de lo que en mi opinión es o debería ser el feminismo, puedo expresar mi rabia por cada injusticia que se comete contra mujeres, gays, transexuales, bisexuales o lesbianas vivan donde vivan, hablen la la lengua que hablen o tengan el color de piel que tengan. Intento así como miembro de Akerra que la igualdad y el feminismo sean reales y tangibles porque no entiendo una sociedad civilizada que no asuma esto y lo grabe a fuego en sus meninges.

Lo que nunca he dicho es desde dónde hablo, lo que he callado es en qué lugar anida mi propia rabia y hoy he decidido que debía contarlo porque me siento hipócrita hablando tan claro con respecto a las demás cuando yo no he sido capaz de pasar página y mantengo un resquicio en la puerta por la que recurrentemente entra el horror, el dolor y la angustia que todavía no he superado.

Yo pasé por el maltrato, de hecho sobreviví a él casi por milagro o más bien por un empeño rayano en la obcecación, porque decidí que no iba a morir a ningún precio en sus manos. Me vi sola y aislada, sufrí el rechazo y la incredulidad de quienes se llamaron amigos e incluso de parte de mi familia. Buena parte de esto fue culpa mía porque lavé su cara frente a mi entorno por no reconocer que estaba viviendo un infierno que empezó un año antes del desenlace terrible, dramático y doloroso que tuvo una relación de diez años en los que no fui capaz de ver hasta qué punto era un psicópata quien decía amarme.

Os pido disculpas por utilizar este altavoz como una suerte de terapia pero alguien en quien confío me ha sugerido que mi propia experiencia quizás sea más útil que la teoría venga de donde venga. No hay teoría que se sostenga sin praxis. Y así estoy exorcizando demonios, los que me asaltan de noche cuando apago la luz, estoy vomitando la bilis que acumulé durante años por darme cuenta de que me había convertido en menos que nada, que me odiaba, que sentía y todavía siento que no servía ni sirvo para nada, que era un desecho humano, que era incapaz de ser algo parecido a una buena compañera, madre, amiga, amante o trabajadora, que si no era en relación a él no podría sobrevivir siquiera aunque esa supervivencia significara renunciar a mi familia, amigos y conocidos e incluso a hablar con una vecina en el rellano a la vuelta de pasear a mi perra.

Tuvo que ser en una situación límite, ante la inminente muerte de mi padre, que fui consciente de  que él sólo me consideraba buena en la medida en que renunciaba a todo. Cuando me pidió sinceridad sobre mi pasado, ya lejano, lo más hermoso que recibí fue "puta", "zorra" o "desecho moral". Mi pasado adolescente y juvenil, enterrado desde que que me enamoré de él era inaceptable aunque lo amaba tanto que nunca tuve ojos para otra persona. Los reproches e insultos se me dirigían por haber gozado de una vida sexual autónoma en la que yo marcaba mis pautas, en la que la experimentación y la liberación que considero deseables para toda mujer eran motivo de auto de fe en el cual mi pareja se autoerigía en fiscal, juez y jurado mientras me negaba el derecho a defenderme de algo que ni siquiera necesitaba explicación.

De nada sirvió haber querido y tratado a sus hijos con todo el amor del mundo. De nada sirvió para atenuar la condena el traer a su madre alcohólica, anciana y fascista a vivir con nosotros para que yo me ocupara de ella recibiendo como premio calificativos constantes como "manceba", "barragana" o "concubina" por no estar casada. Ni siquiera sirvió de nada que se me muriera a mí para que él impidiese que cuidara a mi padre en sus últimos días.

Cuando exigí cuidar de mi padre y pasar su final a su lado fui secuestrada y privada de sueño y comida con el reconocimiento expreso por su parte de que siendo tratada como un preso de Guantánamo sería más fácil doblegar mi voluntad.

Fui sometida a algo llamado "psicoanálisis salvaje" aunque le dije que ninguna pareja puede ser el terapeuta de su compañero o compañera a lo cual contestó que en su caso sí porque era él quien tenía que desmontarme para conseguir una de dos cosas: o hacerme "digna de su cama" o mi suicidio por ser demasiado débil. En aquel momento vi con claridad meridiana que estaba en manos de un psicópata enloquecido y en mi mente se instaló una idea: "Voy a sobrevivir"

¿Cómo lo logré? Fingiendo. Asentía a sus locuras sin llevarle jamás la contraria mientras un mantra me aferraba a la vida. Ese mantra era un canción de los Stooges, "No fun". Lo miraba atentamente y asentía mientras en mi cabeza repetía "No fun, my babe, no fun". Cuando no sonaba Iggy Pop planeba cómo matarlo  porque lo reconozco, buscaba la forma de escapar aunque fuese yendo a la cárcel por haberlo eliminado. Pude escapar en un descuido suyo y no tuve que jugarme más la vida en un enfrentamiento con un tipo mucho más grande y fuerte que yo pero nunca se me pasó por la cabeza el suicidio porque la idea de que mi padre agonizante recibiera la noticia de la muerte de su hija para escapar de la tortura de un sádico me desgarraba y me rebelaba.

Mientras estuve vigilada y totalmente aislada del exterior mentía por sistema cuando conseguía hablar con alguien. Mentía para que mis padres no sufrieran, mentía por la vergüenza que me producía verme, culta y teóricamente liberada sometida a tal humillación, mentía para no tener que reconocer que enamorarme de él había sido el mayor error de mi vida y que podía costarme la vida, mentía para no decir que si no visitaba a los míos era porque él los despreciaba, mentía para salvar su puta cara y no tener que explicar y explicarme que estaba loco y que como hombre inteligente que era su peligrosidad era más que doble. Mentía para que ningún amigo o mi hermano se buscase la ruina matándolo para defenderme y sacarme de aquel infierno pero he de reconocer que el principal motiva era la vergüenza de reconocer por dónde estaba pasando.

Perdí dos tallas en diez días, escapé con dos mudas, el portátil que me dejó mi padre y seiscientos euros que conseguí sacar del cajero para empezar una nueva vida. Por aquel dinero además de puta fui ladrona aunque allí se quedó toda mi vida: mi biblioteca amorosamente creada desde la primera adolescencia, mis fotos, cartas, objetos que me importaban la herencia de mi abuela a la que quería con locura, mi perra y mi gata de las cuales me despedía llorando con el corazón roto en pedazos porque no podía llevarlas conmigo sin saber siquiera cuál sería mi destino. Tenía una hora como máximo para sobrevivir y eso hice. Busqué ayuda en alguien cuya dirección no pudiera localizar porque la desconocía, le supliqué en una nota que no llamara a mis padres porque no iría a su casa y que tuviese piedad de mi padre, cosa que no tuvo porque llamó inmediatamente para mostrar su preocupación por mi estado mental y el miedo que tenía a que me hubiese ido para suicidarme pero que me quería y que lo que tenía que hacer era volver. Para entonces yo lo único que tenía en mente era irme a donde él no pudiera encontrarme de ninguna forma, intentar recuperarme y buscar la ayuda de mis padres cuando mi estado no fuera el de un cadáver incapaz de comer y dormir hasta que me doparon para que la falta de sueño no me volviese irremediablemente loca.

Sobreviví, pero el daño que me hizo no ha desaparecido. Nunca he sido la persona de antes. Ataques de pánico, ansiedad extrema, fobia social, miedo, desconfianza, agorafobia, rabia, terrores nocturnos, destrucción de mi autoestima, odio que no perdono porque se ha instalado en mi pecho y no soy capaz de erradicarlo aunque sé que mis seres queridos no lo merecen. Intento superarlo todavía hoy pero las heridas son profundas y al no denunciar siento que no se ha pasado la página. Mías son las terapias, los antidepresivos y los ansiolíticos cada cierto tiempo porque la espada de Damocles del miedo no deja de estar sobre mi cabeza.

Contarlo es el primer paso, denunciarlo y conseguir recuperar mis cosas el segundo. Mientras siga pareciendo respetable en su importante puesto de trabajo, mientras siga gozando del crédito de quien negó que pasara por aquello, mientras viva creyendo que sus actos no tienen consecuencias yo no dormiré tranquila ni cerraré definitivamente esa puerta al horror que no termina de cerrarse.



sábado, 25 de junio de 2016

EL FEMINISMO NO ES LO QUE TÚ DIGAS QUE ES FEMINISMO, BURGUESA.





No importa dónde nos ubiquemos, las sociedades capitalistas desarrolladas han asumido el feminismo como parte de su discurso hegemónico. Desde hace décadas vemos el ascenso al poder tradicionalmente reservado a los hombres de mujeres que ocupan puestos relevantes en grandes empresas, multinacionales, ministerios y presidencias de gobierno. Pensemos en Dilma Rousseff en Brasil, en Cristina Kirchner en Argentina, en Michelle Bachelet en Chile, en Keiko Fujimori acercándose a la presidencia de Perú. Pensemos en Margaret Thatcher, en Angela Merkel, en Christine Lagarde, en Madeleine Albright, en Hillary Clinton, en Marine LePen, en Ségolene Royal, en Esperanza Aguirre, en Ana Patricia Botín, en Cristina Garmendia, en Ada Colau, en Mónica Oltra, en Carolina Bescansa y en tantas otras que nos dicen desde los noticieros que la mujer ha llegado al poder para quedarse.


Bien, ése no es mi feminismo. Eso ni siquiera es feminismo. Es parte del discurso de explotación capitalista en el que de forma oportunista un cierto porcentaje de mujeres, frecuentemente pertenecientes a las clases dominantes se han integrado para reproducir todos y cada uno de los valores de explotación del hombre por el hombre, de la mujer por la mujer, en definitiva del capitalismo.


Partamos de la base de que dentro del sistema capitalista la opción reformista no es sino perpetuación del sistema de explotación que es la base misma de la subsistencia y reproducción capitalistas. Todo lo que no sea abolir ese estado de cosas es parte del problema, jamás su solución y en ese sentido sólo se puede ser honestamente feminista desde el anarquismo. Simple y claro.


El capitalismo y sus sociedades han creado un sistema paternalista e insultante para "integrar" a las mujeres en los engranajes que rezuman sangre. Nos incluyen mediante porcentajes establecidos por ley sin tener en cuenta jamás la valía de quien accede a esos porcentajes. Cuando hay que elaborar listas electorales y faltan mujeres hay que encontrarlas a cualquier precio porque si no es así la lista será invalidada. Es decir, el Estado y sus cómplices femeninas llaman a esto discriminación positiva. Se oculta oportunamente que esa discriminación no suele beneficiar a las mujeres trabajadores, sino a las féminas de la clase media o alta y occidentales.


La clave misma de este discurso es el “acceso al poder”. Seguramente muchas sabemos lo largamente que reflexionó Michel Foucault sobre la naturaleza del poder. En su esencia corrompe a quien lo ostenta toda vez que crea una sensación de impunidad que no es saludable en términos humanistas. Corrupción, impunidad, superioridad, elitismo, tales son las características que acompañan a quien detenta el poder, sea hombre o sea mujer. Asimismo, el poder está en la base de cualquier relación de dominación y como anarquistas aspiramos a abolir esas relaciones. No las queremos, las rechazamos con más o menos violencia. Detestamos ver a las mujeres emponderadas (esa palabra que tanto gusta en los cenáculos del feminismo burgués de nuevo cuño) vistiendo ropas de alta costura, detestamos que todas sean blancas, nos produce repugnancia verlas bajas de coches conducidos por chóferes, odiamos su presencia en Bildelberg y odiamos más aún que se nos venda esa presencia como un triunfo de todas. No, no lo es. Es un fracaso. Es el fracaso del mejor feminismo que pudo apuntarse desde los años 60, es un fracaso de la conspiración WITCH, es un fracaso de la lucha de las mujeres negras y orgullosas que no son Michelle Obama.


No queremos cuotas, sino igualdad real, no queremos ser parte del sistema, queremos abolir el sistema, no queremos estar en los consejos de administración de ninguna multinacional, queremos dinamitarlos, no queremos que el papa nos integre en su loca secta, queremos destruirla hasta los cimientos y con ella su ideología de muerte.


Aspiramos a la vida, a que ninguna de nosotras sea asesinada por un macho, aspiramos a ser libres sea cual sea nuestro color de piel, aspiramos a sustituir la competitividad por la sororidad, el individualismo por la solidaridad, pero eso, hermanas, supone mucho trabajo y ahí es donde espero que nos encontremos: en las calles hasta que se haga justicia con todas nosotras... O la hagamos nosotras para variar.

Como dice la hermana más punk de todas: "¡Feminismo de clase o barbarie!
"

miércoles, 1 de junio de 2016

La Gran Ramera de Babilonia.


Y la mujer estaba vestida de púrpura y de grana, y dorada con oro, y adornada de piedras preciosas y de perlas, teniendo un cáliz de oro en su mano lleno de abominaciones y de la suciedad de su fornicación;

Biblia, 1569, Apocalipsis, 17:4
El Cardenal Primado Antonio Cañizares, encumbrado a las mayores alturas del colegio Cardenalicio por esos dos adalides de la Modernidad que fueron Juan Pablo II y luego Benedicto XVI, se ha colocado desde su nombramiento al frente de la diócesis valenciana en el lugar agusanado que dejó Rouco Varela cuando vio cambiar los aires vaticanos y que sus inversiones en la extrema derecha española -ahora en los tribunales, Ausbanc, Manos Limpias- o sus escarceos con milicias armadas de extrema derecha católica como El Yunque acabarían igual que los Legionarios de Cristo: intervenidos por una ejecutiva técnica desde el Vaticano que eliminó a la cúpula y pasó a tomar el control de las ingentes fortunas que habían acumulado sobre todo en América Latina.
El Cardenal Primado Cañizares ofrece la garantía de titulares y portadas que oscilan entre la estupefacción, el asco, la risa histérica o el puro asombro. También tiene ese puntito que parece convertirlo en el "poli malo" para que Bergoglio parezca el "poli bueno". La que suscribe no se cree nada : Dios ha muerto....¿No oímos todavía el ruído de los sepultureros enterrando a Dios? que decía Nietzsche. O sea, partiendo de que la Iglesia Católica es una estructura ideológica perpetuada en el tiempo sólo por razones políticas y patrimoniales, que hace casi dos milenios dejó de aportar algo relativamente positivo al pensamiento humano (y esto siendo generosas), lo mejor que nos puede suceder es que se extingan escenificando dramáticamente su putrefacción, algo que hacen maravillosamente. De hecho, están muertos pero no se han enterado. Poseen tantas riquezas que se creen vivos. Como hacen cosas de vivos y nadie les informa de cómo se les cae la carne a pedazos, se fingen vivos pero hace siglos que los enterró la Ciencia. Y los enterró la Revolución Francesa, la Rusa, cada política de igualdad que se conquistó derramando tanta sangre. Los derrotó el Feminismo al ser considerada la mujer sujeto de pleno derecho, los enterraron todos los colectivos ofendidos y humillados por la ideología de seres célibes que en un acto de suprema osadía, centraban todo el foco del discurso más manipulador en el control del sexo y la reproducción. Los enterró la humilde píldora anticonceptiva, el aborto y todo tipo de contracepción y anticoncepción
Cañizares es un hooligan de la Contrarreforma. Si Bergoglio pide moderación, él se viste de ramera babilónica envuelta en seda y púrpura. Si parece insinuar que igual se están pasando en el discurso misógino, él pide "desobediencia" ante leyes injustas a su rebaño, esto es, frente a las las leyes que proscriben toda discriminación en razón de sexo o condición sexual. Si el argentino parece no querer entrar en polémicas políticas importantes, Cañizares organiza una misa por la unidad de España el día de la jornada de reflexión ante las generales tras pedir el voto para el PP (el cual, por cierto, ha declarado que es muy libre de decir lo que quiera aunque se han quedado solos apoyando tácitamente esta payasada rancia)
Las feministas, insidiosas como somos y como buenas herederas de las brujas que los ancestros de Cañizares no pudieron quemar, nos hemos hecho cultas a su pesar y queremos lo mismo para el resto de las mujeres. Queremos su extinción para no tener que volver a saber de niños y niñas violados y de violadores ocultados por la curia para seguir ejerciendo su perversidad impunemente, para no tener que leer lo que ya es pura locura cuando no severa discapacidad mental con imágenes de sus caras agusanadas y putrefactas, los queremos barridos de la faz de la Tierra para que el ser humano tenga el derecho de empezar a ser libre sin ser maltratado psicológicamente desde la infancia en la escuela con su adoctrinamiento, los queremos fuera del mundo, del universo. No servís ni para hacer desfiles. Eso, curillas, os lo ganó por la mano Federico Fellini que os conocía tan bien como os conocemos nosotras:

lunes, 30 de mayo de 2016

"Por ese tunel han pasado treinta"





Este fin de semana nos horrorizamos por la difusión del video subido a las redes en el que una niña de dieciséis años era violada por treinta y tres sujetos en Rio de Janeiro. Iba a ver a su novio y una horda psicópata la interceptó para violarla secuencialmente, por turnos, con tipos dedicados a grabar en sustitución de los que la violaban. La reventaron y a uno se le oye decir "Por ese tunel han pasado treinta"
El tono de la noticia era el de siempre: pretendido horror pero ante todo carnaza, sangre y morbo. Las imágenes, absolutamente innecesarias incluso difuminadas se pasaron a la hora de la comida. Las caras asquerosas de alguno de los hijos de mil hienas que ejecutaron semejante atrocidad sí se veían sonrientes. Lo encontraban divertidísimo.
Por ese tunel han pasado treinta.
Risas. Útero y ano desgarrados, vejiga reventada por las embestidas salvajes de los malnacidos, enfermedades de transmisión sexual, embarazo sí o no. Por ese tunel han pasado treinta. Risas ante el cuerpecito destrozado pero menos que la cabeza traumatizada de por vida porque no hace falta morir para visitar el infierno. Ese chiquilla lo visitó, los demonios la torturaron a placer suponiendo que a las mujeres nos encanta follarnos a los tíos de treinta en treinta, suponiendo que es Brasil donde una mujer es violada cada once minutos por lo que puedes elegir un objetivo y romperla en pedazos porque es mujer o niña.
La propiedad de la mujer es la piedra angular del sistema de explotación capitalista, ergo patriarcal. Se ha decretado una crisis pero esto es algo más. La causa real del horror es que de este caso nos hemos enterado porque esos machos eran además exhibicionistas. ¿De cuántos no nos enteramos? ¿Cuantas mujeres y niñas visitan el infierno para no salir de él sin que pase nada? Si el sistema no actúa, es cómplice. Si ser mujer nos convierte en víctimas potenciales de todo tipo de abuso sobre nuestros cuerpos y cerebros, deberemos plantearnos otras medidas: la autodefensa.
Sinceramente, en reunión, las akerritas hemos propuesto afilar hoces y cortar pollas porque sabemos quiénes tratan así a las mujeres. Sabemos quiénes publican memes en Internet de corte religioso avisando de que si vas de discoteca con minifalda, estás buscándote la ruina, esto es, que una horda de machos se te folle porque en su cabeza llena de mierda no han visto más que porno brutal en el que la mujer objeto del grupo de machos es un must. A las hermanas brasileñas les proponemos armarse con cuchillos y pistolas. Armáos, hermanas, cread patrullas porque los machos de la policía no os van a proteger. Matad al primero y ya veremos cuántos se quedan a sacarse la polla de los pantalones.
Por ese tunel han pasado treinta.
Os vamos a cortar las pollas, terroristas.