miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Qué es feminismo, me preguntas, Rita? Feminismo no eres tú

El juicio a la vicealcaldesa del Ayuntamiento de Madrid por Podemos, Rita Maestre ha sido un ejemplo más de la polarización de la opinión generada por los medios de comunicación de masas. Tanto defensores como detractores han mantenido y mantienen opiniones que no dejan de ser pura reductio ad absurdum. En definitiva, no se trata de hablar de lo que habla, como decía Agustín García Calvo, sino de llenar minutos de falsos informativos o páginas de falsos periódicos.
Cuando hace quince años que no consumes televisión es más que probable que las opiniones que viertas en un debate provoquen miradas perplejas, es muy posible que sientas que tu interlocutor esté convencido de que vienes de un planeta lejano o que la locura habla por ti porque un discurso al margen de los media empieza a ser inconcebible e incomprensible para la mayoría de las personas que se nutren de estos medios de difusión de propaganda de uno u otro signo, cuando no de todos a la vez según sea el reparto del porcentaje de capital del medio en cuestión.
Sobre Rita Maestre mantuve una posición extremadamente crítica toda vez que mi anticlericalismo y mi feminismo eran radicales y quedaban fuera de toda duda. Mi crítica incidía en la cobardía agradecida de quien besa el anillo del obispo y pide perdón por lo que no hay que disculparse. Incidía asimismo en la canallada y la ruindad que supone para el feminismo reconocer un delito que, de existir, existe en el Vaticano y hasta donde sabemos Rita Maestre no es monja y no debería haber aceptado siquiera declarar por lo que es una aberración jurídica en un país que se llama democrático y que recoge la blasfemia como delito punible. Maestre, seguramente convencida de que estaba muy bien asesorada, se vistió de monja (el abrigo era morado nazareno para más señas), prescindió del maquillaje y de todo ornamento y acudió a los tribunales contrita y modosita como buena chica que es a pedir disculpas por un pecadillo de juventud irreflexivo pero que nunca buscó ofender a los católicos que ocupan por cuenta del erario público suelo universitario en Madrid y en toda España.
Rita Maestre y sus compinches saben que Manuela Carmena no aguantará la legislatura, que tirará la toalla harta de bregar con niñatos y niñatas que actúan sin orden ni concierto, sin conocimiento y sin conciencia política. Para algo el divino dedo del Gran Timonel podemita la colocó en el número dos. Cuando falle Carmena, independiente, quedará Rita Maestre, de Podemos y del ala dura como alcaldesa de Madrid sin que nadie la haya votado, como en su día fue alcaldesa Ana Botella cuando al alcalde lo llamaron a destinos más elevados en Moncloa.
Que en Podemos exista una alarmante cantidad de parejas sentimentales ocupando cargos y copando órganos de decisión, es algo de lo que podríamos hablar largo y tendido, pero aquí quiero hacer hincapié en otro asunto y es que Rita Maestre, por relevancia mediática, es un epítome perfecto del feminismo contra el que las feministas tenemos el deber moral de luchar: el feminismo de cuotas que nos ha concedido un Estado paternalista para eliminar la presión social que el verdadero feminismo debería ejercer contra ese mismo Estado que reparte cuotas graciosamente, cuotas que vienen a ocupar no las más aptas, sino las mejor colocadas salvo honrosas excepciones que dejan de serlo por aceptar este estado de cosas.
Gracias a la política de cuotas hay mujeres en la política, sí. Las anarquistas nos sentimos encantadas de saber que Esperanza Aguirre ha llegado al poder, que Angela Merkel se está montando su IV Reich, que Christine Lagarde considera que las pobres de su edad sobran y esperamos ansiosas el día que pida, en un arranque de sinceridad, la eutanasia para los pobres. Aplaudimos locas de alegría viendo a Rita Maestre arrastrarse ante jueces y curas con tal de que no le quiten la poltrona que le tocó por cuotas, nos corremos del gusto con ver a Rita Barberá tan poderosa y tan chula, celebramos como una victoria de todas el aniversario del advenimiento de Margaret Thatcher, saltamos y vitoreamos a Cristina Cifuentes cuando mandaba a los perros de presa a detener a Alfon y a machacar Bukaneros y rojos en general y ahora que la vemos de presidenta de la Comunidad de Madrid la alegría es euforia, como cuando escuchamos a Ada Colau culpar a los trabajadores del metro de las desgracias económicas de la empresa toda vez que se considera que Amancio Ortega y próximamente su hija, son héroes nacionales que sacan de la miseria a miles de niños del Tercer Mundo al darles trabajo en Indonesia o Brasil. Personalmente, el día que el Santander pasó a manos de Ana Patricia Botín descorché cava para celebrar el triunfo del feminismo que suponía tal evento.
Que Rita Maestre sea pareja de Íñigo Errejón y miembro del núcleo duro de Iglesias no tiene nada que ver, así como consideramos que reventar asambleas de críticos del partido en defensa de las tesis (más bien directrices) de su compañero y amigos es algo muy democrático y digno. Que se haya comportado de la forma más despreciable en términos de competitividad nos parece maravilloso: eso es lo que buscaba y ha conseguido el sistema introduciendo las cuotas por las que ricas, apadrinadas, oportunistas y jetas adquieren una poltrona que se exhibe como evidencia de modernidad y cambio. Ahí tenemos a la oligarca Bescansa ("Hola, soy Carolina Bescansa y soy mujer"). Que mientras, ese mismo sistema mire hacia otro lado mientras mueren asesinadas mujeres por causa del terrorismo machista sin que veamos que estas emponderadas féminas muevan un dedo por cambiar leyes insuficientes y mecanismos que no funcionan nos hace sospechar que podemos llamarlas cómplices. Y empezamos a pensar que hay que hacer un uso correcto del lenguaje. Si tienes la oportunidad, la posición, los medios y no actúas, eres cómplice. Llórale al obispo si no te gusta que te lo digamos, querida Rita.
La cuestión es como sigue y no hay más: O se es feminista o no se es. Si se es feminista se exige todo porque todo es lo que se nos ha negado históricamente. No queremos migajas, queremos justicia. No queremos paternalismo, exigimos lo que nos corresponde y lo queremos ya. No nos váis a seguir comprando con treinta monedas para vender a nuestras hermanas. Si matan a una, saldremos todas y si no se nos escucha nos plantearemos seriamente fórmulas alternativas que incluyan la autodefensa. Si en esa tesitura Rita Maestre nos pide calma y moderación, que se aparte porque ella también será arrollada y declarada ENEMIGA.